El Presidente de Estado Unidos Donald Trump fue más que una sombra, fue casi un contendiente más en el plató contra el que los cuatro candidatos a la Presidencia de México midieron sus discursos, para decidir quién iba a ser más contundente en la defensa de su país frente a la agresión diaria de Washington. Trump ha puesto a los migrantes en el centro de la agenda política de Estados Unidos. Y también, por primera vez, en la de México.
La situación de los migrantes mexicanos era, sobre el papel, el tercer bloque del debate presidencial de Tijuana. En realidad, la relación con Estados Unidos y con Trump acabó por dominar el encuentro de principio a fin. Desde la primera respuesta de Jaime Rodríguez, El Bronco, al que le preguntaron por comercio exterior y respondió haciendo referencia al comentario de Trump en el que dijo que algunos deportados eran “animales”. O la primera de Ricardo Anaya, que a la misma cuestión del comercio exterior contestó que fue “un error inaceptable recibir a Trump en Los Pinos”.
Respondió José Antonio Meade, que era ministro cuando se realizó aquella visita, en medio de la campaña, que desató la indignación contra el presidente Enrique Peña Nieto. “Yo no anticipé que (Trump) fuera a ganar. Fue una sorpresa”. Las palabras las firmarían varios cargos públicos del año 2016 en Estados Unidos. “No solo fue un error, fue una humillación al pueblo de México que se le pusiera alfombra roja después de un año insultando a los mexicanos”, insistió Anaya, para erosionar de un solo golpe la principal fortaleza de Meade, que es su experiencia de gobierno y en política exterior.
En Estados Unidos viven entre 11,5 y 12 millones de mexicanos. Con sus hijos, son más de 30 millones de personas con derecho a voto en las presidenciales del 1 de julio. Su aportación, sin embargo, es minúscula. Solo 181.000 personas se han registrado para votar, en un país donde las elecciones se deciden por decenas de millones de votos. Pero hay tendencias interesantes. Esa cifra es el triple que en 2012. En total, alrededor de 700.000 personas pidieron la credencial de elector, una cifra récord que coincide con la estimación inicial que hizo el Instituto Nacional Electoral sobre el interés que tendría la elección al otro lado de la





