Por Jose A. Solorio Martinez
El senador Francisco García Cabeza de Vaca, operó solo desde hace cuatro años. Fue visto, dinámico, protagónico y propositivo. Este período, se visualizó y fue visualizado por buena parte de la ciudadanía como un activo relevante del Partido Acción Nacional para la sucesión gubernamental de Tamaulipas. Como ningún otro cuadro político –y aquí se deben mencionar a todos los partidos que activan en a región-, se movió a sus anchas y expuso con claridad y recurrencia su proyecto: quiere ser gobernador.
Esa movilidad y machacante discurso, permeó en amplias capas de la sociedad tamaulipeca. Dejó atrás, a su correligionarios: los alcaldes Leticia Salazar y Carlos Cantú Rosas. Dentro y fuera del PAN, mostró que es un militante azul potente y con influencia en buena parte de la entidad.
Para ser objetivos, también a los priistas les sacó varios cuerpos de ventaja.
Los aspirantes tricolores, enfrentaron varios obstáculos que los paralizaron e inhibieron:
1.- Un gobernador priista. En el esquema institucional, los ritmos de la sucesión están marcados en buena parte por los ritmos de gobierno –si de priista se trata- del Ejecutivo estatal.
Todo movimiento tempranero que transpire anhelos sucesorios, es vislumbrado como una actitud de indisciplina y de albazo político. Es decir: se interpreta como la pretensión de un miembro del tejido institucional, de erosionar el poder gubernamental del jefe político estatal.
(Hecho que no vivió, ni vive, Cabeza de Vaca).
La consecuencia: la evidente inmovilidad de los actores políticos tricolores.
2.- El ciclo gubernamental priista, empieza a cerrarse al cuarto o quinto año de la administración estatal. Ello lleva a generar una esclerosis en el tejido tricolor, toda vez que antes del cuarto año de gobierno, nadie se mueve ni se promueve.
Por otra parte, las dinámicas partidistas priistas se agilizan bajo otras normas y otros mandatos: los actores que participan en la sucesión, buena parte de ellos, emerge de las elecciones federales intermedias.
(Acontecimiento que tampoco, enfrentó Cabeza de Vaca. Él trae la inercia desde su triunfo senatorial).
3.- En el PRI tamaulipeco, ningún cuadro político es más fuerte que el líder real de ese partido. Eso implica, actitudes subalternas de los precandidatos, que en mucho impide crecimientos explosivos. Este fenómeno, se rompe sólo al inicio y al final de la campaña.
Eso explica, la fortaleza de Cabeza de Vaca en el primer tramo de la sucesión tamaulipeca.
Hoy el escenario se ve diferente. El senador, ya no está solo. Irrumpieron en la arena regional, casi media docena de aspirantes priistas que están achicando la otrora ancha presencia del ex alcalde reynosense.
Los rounds de sombra, terminaron.
Ya tiene, adversarios reales enfrente.
Su discurso hoy se ve, un tanto facilón y distante de la realidad local. “Recuperemos la grandeza de Tamaulipas”, se escucha más bien demagógico y ocurrente. Y su propuesta para regresar la paz a la entidad, se ve desfasada y tímido remedo de otros precandidatos priistas que ya impusieron la agenda desde hace meses en el estado, sobre el tema de la inseguridad.
Cabeza de Vaca, hoy se ve desconcertado de la lucha por la gubernatura.
Los tres más poderosos pretendientes tricolores – Baltasar Hinojosa, Marco Antonio Bernal, Alejandro Guevara y Enrique Cárdenas- entraron con un vigor inesperado en su contienda interna mostrando a un PRI articulado, tonificado y hasta ahora respetuoso y tolerante. Su civilizada coexistencia en la arena tricolor, potencia sus aspiraciones porque se ven distantes escurrimientos y fracturas.
(Hecho que no vive ni ha vivido, Cabeza de Vaca).
Los más recientes sondeos, muestran a un senador panista ligeramente arriba de sus competidores priistas. Con cualquier precandidato. En sentido estricto, científico, esas encuestas reflejan un empate técnico entre el panista y sus contrincantes priistas.
(En estricto apego a los números, se infiere que si salen unidos los precandidatos priistas, rebasan con más del 30 por ciento a Cabeza de Vaca. Es decir, hasta el cuadro tricolor más frágil está en posibilidades reales de aplastar al senador si mantiene un PRI unificado y disciplinado).
Es ese el escenario que se ha configurado en Tamaulipas, a partir de la presencia de los precandidatos institucionales. Y es el nuevo paisaje, que está enfrentando el siempre competitivo panista.
Los albiazules –Cabeza de Vaca, Lety y Cantú Rosas- , ya tienen compañía…





