El candidato presidencial republicano Donald Trump vino a hacer campaña. No ofreció disculpas por meses de ofensas contra México y sus ciudadanos. Dijo que respeta y quiere a los mexicanos y ratificó que habrá cambios en la relación si llega a la Casa Blanca.
En una rueda de prensa en la Residencia Oficial de Los Pinos, tras una reunión privada con Peña Nieto y de poco más de una hora, Trump confirmó que va por un muro entre ambas naciones. Sólo falta ver quién lo va a pagar
El Presidente dijo que le comentó a Trump sobre el tráfico de dinero en efectivo y de armas que viene de Estados Unidos, en contraposición de la idea unilateral, en el vecino país, de que sólo se genera un problema con migrantes y drogas.
En el encuentro, dijo, “hice también notar y sentir la gran responsabilidad que tengo como presidente de México de defender al pueblo de México y que había habido malinterpretaciones o afirmaciones que lamentablemente habían lastimado y afectado a los mexicanos en la percepción que venían haciendo” de Trump.
Peña Nieto dijo a Trump que los mexicanos “merecen el respeto de todos” y que sus ciudadanos contribuyen al desarrollo y prosperidad de Estados Unidos. Señaló que los asuntos de la frontera común deben considerar la inmigración, pero también los flujos ilegales de armas y dinero al sur que alimentan la violencia de los cárteles.
Analistas, políticos, partidos, historiadores y ciudadanos aquí, y comunidades de mexicoamericanos allá, han calificado como un error histórico la invitación a Trump para que visite México. El empresario ha ofendido durante meses a los mexicanos, a quienes ha llamado “violadores” y “criminales”.
El viaje relámpago de Trump a la capital mexicana ha sido visto por algunos como una decisión política arriesgada a apenas 10 semanas de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Ocurrió a unas horas de que pronuncie un esperado discurso en torno a la inmigración no autorizada, un tema central en su campaña sobre el que recientemente ha titubeado.
Trump llegó a un país donde es ampliamente despreciado. Pequeños grupos se manifestaron en al menos dos puntos de la capital, mientras un ex Presidente y una ex Primera Dama abiertamente le dijeron al multimillonario neoyorquino que a pesar de la hospitalidad del mandatario mexicano, no es bienvenido.






