Por Jose A. Solorio Martinez
¿Por qué la sociedad tamaulipeca, idolatra a sus verdugos y repudia a personajes que deberían ser parte de su orgullo y su jactancia?..
¿Los antivalores se han posicionado n el imaginario colectivo de los tamaulipecos?..
Los ex gobernadores Tomás Yarrington y Eugenio Hernández Flores, y sus familias, siguen siendo referente en el mundo de la política y de la empresa en Tamaulipas. Miles de ciudadanos, los siguen viendo como ejemplo a seguir. Miles de priistas, se descomponen en reverencias cuando se les presenta la oportunidad de estar frente a esos sujetos antisociales –y eso, no es presunción ni especulación y menos una injuria; lo dicen las corporaciones policiales norteamericanas, y sus instituciones impartidoras de justicia-.
Eso no parece importar a la clase política regional.
Y menos a la clase empresarial.
Y mucho menos, merece la atención del gobierno federal.
El PRI, da la impresión de que los necesita. Se infiere que los requiere. La hermana de Eugenio, es una distinguida dirigente –Susana Hernández Flores- de esa organización política y se prepara para incursionar en el ámbito parlamentario local. Y el esposo de esta relevante priista, es delegado federal de una importante dependencia en el estado.
Por otro lado, los verdaderos héroes cívicos, entregan reconocimientos internacionales deportivos y pasan sus memorables vidas casi en el anonimato y viviendo de la generosidad pública. Uno de ellos, es Juan Daniel Rodríguez Mascorro.
Juanito, como se le conoce, ha llevado por el mundo sus proezas, junto al nombre de ciudad Victoria, de Tamaulipas y de México.
Es campeón mundial en varias disciplinas deportivas. Todo, con el esfuerzo de su familia y de su entrenador que se ha convertido en su principal promotor.
Entrenador y deportista, se han visto en la necesidad de pedir cooperación en los cruceros públicos para sufragar los gastos de pasaje y hospedaje de ambos alrededor del mundo.
Juanito merece más, mucho más, del afecto y reconocimiento que muchos tamaulipecos profesan a Geño y a Yarrington.
Es pertinente un cambio.
Ponderar a quienes verdaderamente contribuyen a la tamaulipecidad, y a quienes dañan y lesionan la percepción que de nosotros tienen nuestros compatriotas.
Urge, revertir ese trastocamiento de nuestros valores.
Necesitamos más Juanitos, menos Geños y menos Yarringtons…





