Por: José Ángel Solorio
Nomás no prende. Ni levanta el vuelo. No crece. No puede crecer; es su naturaleza: un ser que irradia desaliento, un sujeto que transpira todo, menos sensibilidad política. Por más que se le apoya, ni picha, ni cacha, ni deja batear. Es Alejandro Etienne Llano. Ya en el pasado, hubo otro ente jurídico que se esforzó por transformarse en político en un santiamén. Y se desmoronó. Le dieron todo: dinero, apoyos políticos –Tomás Yarrinton, le alineó a alcaldes, a secretarios, a regidores, a diputados, y a la estructura gubernamental- y resultó un chasco. Ese jurisconsulto que soñó con ser candidato a gobernador fue Homero Díaz. La historia ya se conoce: fue coscorroneado en la consulta interna. Homero, representó justamente el crac de los técnicos del Derecho que suponen raso el ejercicio de la política, el manejo de la autoridad. Los tecnócratas del Derecho, desconocen las dinámicas del PRI. Su inteligencia jurídica, es rebasada por una disciplina legal-partidista que por lo regular no rige la cohabitación de la militancia y los diversos grupos de presión y de interés. El matamorense, confió a pié juntillas en el gobernador. Se dejó llevar por sus asesores, que le soplaron al oído encuestas fantasmas. Se vio incapaz, de construir un discurso político atrayente y atractivo para los priistas y el electorado. Etienne Llano va por el mismo camino. Homerizarse, no es un camino exitoso. Y el alcalde victorense, sigue los mismos pasos que su colega. En el festejo de su cumpleaños en Reynosa, el jefe edilicio victorense, exhibió su eterno perfil: no articula una propuesta política coherente; no hace clic con la fanaticada; sus balbuceos, son discursos en el mar; el auditorio se vació antes de que destapara sus anhelos por servir a Tamaulipas. Eso fue lo menos peor. Lo más dramático, fue la desagradable presencia de una incómoda clase política reynosense que días antes había jurado lealtad y adoración a Baltasar Hinojosa Ochoa por el cabildeo de Oscar Luebbert Gutiérrez. Sí. Carlitos Gómez, Ernesto Robinson, Amira Gómez, Rigoberto Garza Faz y otros de menor calado, hicieron presencia en la auto-postulación de Etienne Llano. Lo aún más patético, fue la presencia de la Secretaria General del CDE del PRI Aída Zulema Flores Peña. ¿Puede un alto funcionario del partido, avalar con su presencia un destape a la gubernatura?.. Desde el punto de vista burocrático, sí. Bajo la óptica de la ética y los principios básicos de ese partido, absolutamente no. Por una razón fundamental: la presencia de esa dirigente estatal, rompe con la equidad del proceso interno. Fractura la unidad partidista y ensucia la leal y prudente batalla por la candidatura que al menos 8 precandidatos priistas despliegan añorando piso parejo. La aparición de la abogada Flores Peña –al parecer se alinea dentro de los tecnócratas del Derecho que confunden la política con la grilla-, fue el elemento más reprobable del cumpleaños-destape del abogado Etienne. (Una sanción sería una resulta menor. Las consecuencias del hecho, son de tal dimensión que aquella obtusa mirada de leguleyo, no alcanza a dimensionar). Décadas que no se veía un líder priista –Rafael González Benavides- con tanta impericia. (Lucino Cervantes, fue malo por malasuerte…). Es él el responsable del enrarecimiento del proceso priista previo a la elección del candidato a la gubernatura. ¿Su amor súbito por Alejandro Etienne Llano, habrá inclinado la delgada vara que sostiene la balanza de la Justicia partidista?.. Probablemente. ¿Y el CEN del PRI?.. Se infiere que los otros aspirantes, esperarían su presencia para evitar que el riachuelo de cieno siga corriendo…





