La tentación monárquica
Por José A. Solorio Martínez
El sistema político tamaulipeco ha prohijado innumerables, fenómenos sociopolíticos. Tres de ellos, hoy están al frente de sus respectivas alcaldías: Leticia Salazar –Matamoros-, Mario de la Garza –San Fernando- y Rogelio Villaseñor en Río Bravo. Esta tercia, ha gobernado en ambientes de alta complejidad: violencia, achicamiento de presupuestos, deudas manejables pero incómodas, y cubiertos por una crisis presupuestal ajena a ellos.
En sentido estricto, no han hecho tan malos gobiernos.
Han trabajado con creatividad a falta de recursos.
La alcaldesa de Matamoros, es una virtuosa de la propaganda. Hace poco, pero lo publicita mucho. Que cae un chubasco: se mete al agua y con ésta a la cintura se toma fotografías que le dan vuelta a las redes sociales. Que hay una quemazón: se viste de bombera y se toma video y lo postea a todos sus seguidores en Facebook y Twitter.
Que visita el gobernador la ciudad: se pone su trajecito azul, se toma fotos y las envía con sendos boletines a los medios locales impresos y electrónicos.
Villaseñor, en Río Bravo, llegó con grandes expectativas. Obtuvo mas de 25 mil votos y le regresó al PRI el orgullo que había perdido por tantas derrotas ante la familia Guajardo Anzaldúa. Algo pasó, porque el Ejecutivo estatal ni lo ha recibido ni lo ha visitado en el municipio que gobierna.
Ese distanciamiento entre munícipe y el primer priísta del estado, ha influido en el presupuesto del pueblo. Hace unas semanas, pidió el jefe edilicio riobravense un crédito de 2 millones de pesos para sufragar gastos vitales para la ciudad y no se concretó; aún y cuando las gestiones, estaban muy avanzadas.
La ciudad, apenas tiene para la nómina de sus trabajadores y un ligero excedente para realizar modestos trabajos de bacheo.
Mario de la Garza en San Fernando, es quizá el alcalde de la tercia de referencia, el que peor trabajo ha hecho al frente de la presidencia municipal de la cual es responsable. Creó una empresa en Ciudad Victoria, a la cual dio el 80 por ciento de la obra pública con fondos de origen federal.
Se pasea en una camioneta propiedad de esa empresa fantasma –el domicilio fiscal que da a conocer es inexistente- y decenas de obras han sido anunciadas como terminadas pero no han podido ser localizadas en el pueblo.
¿Qué hermana, a esta trenza edilicia?..
Una circunstancia: los tres, pretenden, trabajan, y sueñan, hacer alcaldes a sus hermanos.
Leticia, quiere de presidenta a su hermana Verónica.
Rogelio, impulsa para alcalde a su fraterno José Luis.
Y Mario, intenta llevar a la alcaldía a su hermano Gabriel.
En una democracia, todo está permitido. Cualquiera que tenga sus derechos políticos a salvo, puede votar y ser votado. (Con los requisitos que expone el INE, necesariamente).
¿Puede un hermano, heredar el gobierno a otro hermano?..
En apego a los principios democráticos, sí.
En mandato a la ética política y a la salud partidista, no.
Dejar a un consanguíneo en el poder, sólo es visto con alegría y festividad en las monarquías. El derecho de sangre, en este caso, es una premisa fundamental para trasmitir la autoridad sólo por el hecho de ser familia.
Es probable que los precandidatos, Verónica, José Luis y Gabriel tengan las prendas necesarias para ganar una elección y hasta hacer buenos gobiernos. Eso se puede dejar, al beneficio de la duda. Lo que no es prudente, es eliminar una saludable alternancia interna en el PRI -o en el PAN-, dejando la puerta abierta para que hermanos dejen a hermanos en el poder.
Sería una maligna señal, para el sistema político regional.
Ese es el primer reto que tienen el PRI y el PAN tamaulipecos.
Resolver esa interrogante es una prioridad, sobre todo porque vienen campañas en las que ambos partidos seguramente presumirán de ser intransigentemente democráticos…




